"Formas frágiles" Pablo Gianera

Libro Formas frágiles
Hay en el arte ciertas obras que adquieren su forma y se explican mientras se hacen. En la música, esas obras suelen ser el resultado de la improvisación, de la interpretación indeterminada y del azar compositivo. Los problemas estéticos de estas tres prácticas, y los dilemas vitales de quienes las ejercen, constituyen el asunto de «Formas frágiles». La vida de un hombre no alcanza para explicar su música, pero en algunas músicas puede cifrarse una vida. Es lo que ocurre con los nombres propios de este libro, que abarcan un arco que va desde el barroco y el romanticismo hasta el jazz y la llamada música contemporánea. La política, la voluntad mística, el éxtasis, la amnesia, la reclusión y la inminencia de la muerte son algunas de las pasiones que agitan las vidas de John Cage, Johann Sebastian Bach, Lennie Tristano, Franz Schubert, John Coltrane, Karlheinz Stockhausen, Cornelius Cardew y Anthony Braxton. Todos ellos coinciden en la incertidumbre de una obra, en la fragilidad de una forma en la que se inscribe una biografía.

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Fragmentos de "Formas frágiles" Pablo Gianera

"Cage impugnó durante muchos años la improvisación en el jazz precisamente porque entendía que, en su aparente libertad, el improvisador era un lacayo de su memoria y de las urgencias instintivas del estilo. En el texto "Indeterminacy" escribe: "Los artistas se llenan la boca con la palabra libertad. Un día, al detenerse en la frase "libre como un pájaro", Morton Feldman se sentó en el parque y observó largamente a los pájaros. Cuando volvió me dijo: ¿Sabés qué? No son libres: se pelean por una miga de pan".

"...Nadie esperaba a Anthony Braxton, como tampoco antes nadie había esperado a Tristano o a Albert Ayler. Braxton parece entender que la misión de cualquier artista consiste en ser un modesto defraudador de expectativas".

"...Braxton estaba cinco segundos adelantado respecto de lo que estaba haciendo. Uno nota eso en su música. Parece un intérprete muy lento, pero en realidad toma decisiones con extrema rapidez. Ese conocimiento de su oficio le da a su música un aire de facilidad, como si flotara. Está siempre más adelante de lo que uno escucha; y lo que uno escucha ha sido ya completamente editado: solo queda la esencia. Después llegarían Coltrane, Ornette Coleman, y Warne Marsch y la escuela de Tristano. Rapidamente, había incorporando todas las rupturas de la década de 1960, la mayor de las cuales no fue la disonancia sino la desaparición del pulso regular (conquista que debe atribuirse al pianista Cecil Taylor) que había identificado al jazz casi desde siempre, aun con sus episódicas transformaciones."
"Musicalmente, Cage quería no ser nadie; Braxton, ser muchos, que es una manera de no ser ninguno: la mejor estrategia para que a uno no lo tomen por otro. Dijo Braxton: Mantenerse lejos de los músicos; ese es uno de mis principales axiomas. Varios años después corrió la misma suerte que Tristano. No es otro el precio de la autonomía..."

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