"Un hombre sin patria" Kurt Vonnegut

Un hombre sin Patria
Escritos de Kurt Vonnegut en el final de su vida. Textos breves, personales, brillantes y llenos de humor. Vonnegut reflexiona sin pretenciones sobre la vida, el arte, la literatura, la política, su familia, la ecología. Establece en diálogo íntimo, tierno e irónico con sus lectores siempre con su humor y su forma personal de entender al mundo y a los humanos. Vonnegut es uno de los escritores más inteligentes de la literatura contemporánea. El libro viene acompañado por ilustraciones y afiches que Vonnegut creó junto a su amigo y serigrafista Joe Petro.

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Fragmentos de "Un hombre sin patria"

"Soy consciente de que quizá a algunos de ustedes les cueste distinguir cuándo estoy bromeando y cuándo no. Así que, a partir de ahora, les diré cuándo bromeo. Por ejemplo, alístense en la Guardia Nacional o en la Infantería de Marina y den clases sobre democracia. Es broma. Estamos a punto de sufrir un ataque de Al Qaeda. Ondeen las banderas si las tienen, parece que eso siempre les ahuyenta. Es broma. Si de verdad quieren fastidiar a sus padres y les falta valor para hacerse gays, lo mínimo que pueden hacer es dedicarse al arte. No es broma. El arte no es una forma de ganarse la vida. Es más bien una forma muy humana de hacer la vida más soportable. Practicar un arte, bien o mal, es una forma de hacer crecer el alma. Por el amor de Dios, canten en la ducha. Bailen con la música de la radio. Cuenten cuentos. Escriban un poema para un amigo o para una amiga, aunque sea pésimo. Háganlo tan bien como sepan y obtendrán una enorme recompensa. Habrán creado algo.

Me gustaría enseñarles algo que he aprendido. Lo dibujaré en la pizarra de detrás para que me sigan mejor [traza una línea vertical en la pizarra]. Éste es el eje B-M: buena suerte-mala suerte. Muerte, pobreza extrema y enfermedad, abajo. Gran prosperidad y salud estupenda, arriba. Una situación regular, en medio [señala abajo, arriba y en el medio de la línea, respectivamente]. Éste es el eje P-F. P es el principio y F, el final entrópico. Es cierto, no todos los relatos tienen esta forma, una forma tan simple y equilibrada que hasta un ordenador podría entenderla [traza una línea horizontal que se extiende desde la mitad del eje B-M]. Ahora permítanme darles un consejo comercial. A los que pueden permitirse comprar libros y revistas, e ir al cine no les gusta, que les hablen de gente pobre y enferma. Por eso, empiecen el relato aquí arriba [indica la parte superior del eje B-M]. Habrán visto este relato miles de veces. A la gente le encanta, y no tiene derechos de autor. Se titula «Hombre en agujero». Sin embargo, la historia no tiene por qué tratar de un hombre ni de un agujero. Es como sigue: una persona se encuentra con dificultades y las supera [traza la Línea A]. Si la línea termina más arriba de donde empezó no es por casualidad; es para animar a los lectores.

Hay otro que se titula «Chico conoce chica», pero tampoco es necesario que trate de un chico que conoce a una chica [empieza a trazar la línea B]. Es como sigue: alguien, una persona normal y corriente, un día cualquiera, se topa con algo fantástico y maravilloso: «¡Jo, éste es mi día de suerte!»… [lleva la línea hacia abajo]. «¡Mierda!»… [lleva la línea otra vez hacia arriba]. Y vuelve a subir. No es mi intención intimidarles, pero, tras haber cursado estudios universitarios de química en Cornell, al acabar la guerra me matriculé en la Universidad de Chicago para estudiar antropología y terminé sacándome un máster en esta disciplina. Saul Bellow estaba en el mismo departamento que yo, y ninguno de los dos llegamos a hacer un trabajo de campo. Aunque nos imaginamos más de uno, eso sí. Empecé a buscar en la biblioteca informes de etnógrafos, predicadores y exploradores (los muy imperialistas) para ver qué tipo de relatos habían recogido de los pueblos primitivos. Menudo error había cometido matriculándome en antropología, por cierto, porque no soporto a los primitivos (qué estúpidos son). La cuestión es que leí esos relatos, uno tras otro, que habían sido recopilados de pueblos primitivos de todas las partes del mundo. Todos eran una línea plana, como el eje P-F. Pues vale. Los primitivos se merecen perder, con estos relatos de pena. Están muy atrasados. Miren en cambio qué fabuloso es el auge y la caída de nuestros relatos.

Uno de los relatos más populares jamás contados empieza aquí abajo [empieza a trazar la línea C bajo el eje P-F]. ¿Quién es esta persona tan abatida? Es una muchacha de unos quince o dieciséis años a quien se le ha muerto la madre, ¿cómo no iba a estar tan abajo? Y su padre se ha casado casi inmediatamente con una sargento de cuidado que tiene dos hijas malísimas. ¿Les suena? En el palacio van a celebrar una fiesta. Tiene que ayudar a sus hermanastras y a su horrorosa madrastra a ponerse guapas, pero ella no puede salir de casa. ¿Está más triste ahora? No, ya era una muchachilla destrozada mucho antes. Con la muerte de su madre tuvo bastante; las cosas ya no pueden ponerse peor. Total, que se van todos a la fiesta. Entonces aparece el hada madrina [traza una escala ascendente] y le da unas medias, rímel y un medio de transporte para que ella también vaya. Nada más aparecer se convierte en la reina del baile [lleva la línea hacia arriba]. Está tan despampanante que ni siquiera sus parientes la reconocen. Pero cuando el reloj da las doce, según lo convenido, ella se queda otra vez sin nada [lleva la línea hacia abajo], A un reloj no le lleva mucho tiempo dar doce campanadas, así que la caída es en picado. ¿Cae, sin embargo, hasta el mismo nivel que antes? Por Dios, no. Pase lo que pase, a partir de ahora siempre recordará que el príncipe se enamoró de ella y que aquella noche ella fue la reina del baile. Así pues, sigue a trancas y barrancas, en un nivel considerablemente mejor a pesar de todo, y entonces el zapato le encaja a la perfección y alcanza una felicidad sin límites [lleva la línea hacia arriba y después dibuja el símbolo del infinito]..."

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